30 jun. 2009

10° capitulo del libro Royal Blood (Sangre Real): La invitacion

Complete mi camino a casa y aparque mi bicicleta en mi garaje cuando oí el sonido de pasos a pocos pies de distancia de mí. Cuidadosamente me encamine hacia la puerta con mí linterna preparada para cualquier enfrentamiento con vampiros.
Yo no vi nada. Sólo el SUV de mi padre aparcado. Estaba segura de que solo era un mapache con hambre forcejeando para comer de los restos del cubo de basura.
Entonces oí una ramita que se rompió. Y pasos.
Decidí hacer una carrera a nuestra puerta de atrás que esta a tan sólo diez metros del garaje. Todo lo que pude pensar era en Freddy Krueger. Michael Myers. O el enmascarado Jason. Las locas películas de terror embrujaban mis pensamientos.
Había visto tantas películas de miedo que hacían revolver mi entendimiento, así que tenia que ver algo de niños en mi mente, pensé. Barney. Teletubbies. Dora.
Esas imágenes me asustaron más.
Si tuviera lista mis llaves, las usaría para asegurarme de que cualquier cosa dentro de mí le causara daño corporal. Respire hondo y me prepare para la carrera. Pero antes de que hiciera mi primer paso, fui capturado en una sorprendente trampa. No era Trevor el de la sombra del garaje, ni siquiera el más nefasto vampiro enemigos de Alexander, Jagger Maxwell. Era Alexander.
-Oh... eres tú. ¡Gracias a Dios! - intente abrazarlo, pero él mantuvo su brazos cruzados.
-¿Dónde estabas?, - preguntó. Él era igual a mi padre cada vez que violaba mi toque de queda.
-Sólo salí a dar un paseo, - le dije la verdad.
-¿Ahora? ¿En la noche?
-Es aún temprano. Mi bici tiene una luz en la parte de atrás.
-¿Entonces que es eso? - pregunto, señalando a mi linterna. -¿Estuviste buscando algo? ¿O más bien a alguien?
-Siempre es bueno tener más luz. Yo no soy como tú: no puedo ver en la oscuridad. - bromee, con la esperanza de que el sonriera. Su expresión seguía siendo como una piedra. -Fui a tu casa, - le confesó. -Todos en Dullsville, incluidos Matt, Becky, y Trevor, han conocido a tus padres. Todo lo que yo tenía era una vaga memoria de un retrato que habías pintado de ellos. Quería verlos por mí misma.
Me sentí horrible. Mi impaciencia me había ganado lo mejor de mí una vez más. No estoy segura de cómo me sentiría si Alexander entrara furtivamente en mi casa, tratando de ver a mis padres como si fueran sujetos experimentales de una universidad. Yo no era mejor que el local Gossip Mongers.
Esperé lo que parecía ser una eternidad para la respuesta de Alexander. Yo estaba tan avergonzada de mí misma que apenas hice contacto con sus ojos.
Mi novio tomó mi muñeca y suavemente me atrajo hacia él.
-Creo que tendrías que estar bajo arresto por allanamiento. Pero yo siempre te convenzo de que confieses, - dijo siniestramente.
-Ya lo sabes, ¿no? ¿Lo previsible que soy?
-Era sólo cuestión de tiempo antes de que te encontrara escondida en unos de nuestros arbustos.
-¿Así que no estas enojado?
-No todavía. ¿Estás dispuesta a aceptar tu castigo?
Asentí a regañadientes. No estaba seguro de lo que un vampiro podría hacer como castigo.
Pero yo estaba dispuesta a averiguarlo.
-Yo te condeno a un millar de besos, - dijo. -¿Puedo comenzar ahora?
Por último, sonrió. Pulse mis labios contra él.
Cuando nos separamos, le pedí disculpas de nuevo.
-Está bien. Es hora de que los conozcas. Sin embargo, por esta noche, tendrás que cumplirme a mí. - dijo Alexander.
Y en la próxima hora seguí cumpliendo mi condena.


Otra carta llegó misteriosamente, sólo que esta vez fue en mi casa.
-Tienes correo, - dijo mi madre cuando llegué a casa al día siguiente. -Esta en la mesa de la cocina.
Yo no nunca recibía las tarjetas a excepción de mi cumpleaños o unas vacaciones. Incluso si se trataba de un folleto del colegio, me habría emocionado que me hayan dirigido algo.
Un sobre profundo y púrpura estaba sobre la mesa junto a los condimentos.
En una hermosa caligrafía negra se leía: Srta. Raven Madison. Como la carta de Alexander esta carecía de postales. En la parte trasera había un sello de “S” gravado en cera.
Casi me desgarró en el momento en que me acordé cómo Alexander abría su correo.
-Mamá, - llame. -¿Tenemos un abrecartas?
-Creo que hay uno en el escritorio de tu padre.
Abrí las puertas del escritorio de mi papá. Tenía una mesa de roble oscuro cubierto con fotografías familiares. Escanee el escritorio de cualquier objeto afilado, pero no encontré nada más que unas pocas plumas y un campo de golf en miniatura.
Por último, debajo de una carpeta de archivos, encontré un abrecartas de oro, el final en la forma de una raqueta de tenis. Y cuidadosamente abrí el sobre.
Saque la tarjeta y leí:
El Sr. y la Sra. Constantina Sterling solicitan el placer de su presencia para la cena de este viernes al atardecer
La mansión Sterling
Benson Hill
Es oficial. Tenía una cita para conocer a los padres de Alexander, ¡y yo tenía la invitación para probarlo!

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