3 ene. 2010

Capitulo 12 de La Boda de Jessica y Lucius

Capítulo 12

Lucius se alejo un poco de mí, un paso, pero siguió manteniendo mis manos en las suyas, y teniendo los ojos clavados en los míos, y poco a poco... vi cambiar su expresión de nuevo.

Por primera vez, yo veo en sus complicados ojos, a menudo cautelosos, la necesidad de estar desnudos para mi igual que los míos hacia él, y se que el ultimo muro se estaba derrumbando ante nosotros. Lucius me había dicho, muchas veces, que él me ama. Y vi el amor muchas veces en sus ojos. Pero nunca como esta vez. Se estaba revelando a propósito ante mi (exponiendo su alma en una forma que era difícil para él) y no puedo dejar de ver sus ojos, con ganas de recordar siempre este momento, esa expresión.

-Te he traído aquí esta noche para pedir que te cases conmigo, Antanasia, - dijo Lucius finalmente, justo cuando empiezo a sentir como si estuviera cayéndome en sus ojos, como me temía caer en un abismo escondido cuando vinimos a este lugar.

Pero esas las palabras (las palabras imposibles) todo se detiene.

El tiempo, si, pasa de bloquearse a detenerse.

-Lucius... - murmure su nombre no creyendo que este momento es real. El matrimonio con Lucius (tanto la evitacion de este como el tan desesperado deseo) era prácticamente todo lo que he pensado desde la reunión con él cuando aprendí sobre el pacto. Y sin embargo, sigo sin dar crédito a mis oídos, y yo sigo buscando en la interminable y oscura profundidad de sus ojos, que desean garantías de que no estoy soñando. -¿Lucius...?

Él apretó mi mano con más fuerza, presionándola más contra su pecho.

-Quiero pedirte que (en este lugar donde nos prometieron el uno al otro por un mandato) te cases conmigo no porque nos obliguen a hacerlo , sino porque te amo, - dice. -Te pido que me elijas por tu propia y libre voluntad, porque así es como yo te elijo a ti, Antanasia. No por cumplir un pacto, sino por seguir mi corazón, que se conformará con nada menos que una vida contigo a mi lado.

Quiero gritar: "¡Si!". Quiero gritar y arrojarme a sus brazos. Pero mis pies parecen arraigados en el lugar, y mi lengua esta encerrada en mi boca. No puedo hacer otra cosa que cumplir con sus ojos, segura de que ya ve la respuesta en los míos.

Y luego, de pie ante mí como un igual, lo que parece adecuado para Lucius y para mi (ya que estaba a punto de caer sobre mis rodillas) planteo la pregunta que he querido oír... tal vez desde el primer día en que lo vi.

-Antanasia, ¿quieres casarte conmigo? - Libera una de mis manos para acariciar mi mejilla, empujar mis rizos de mi cara, y su voz se hace más suave, más tierna, cuando pregunto de nuevo, casi en un susurro: -¿Quieres, Antanasia? ¿Quieres ser mi esposa?

La vulnerabilidad que había vito en sus ojos se hizo eco en su voz, y la dulzura (sin vigilancia, por la esperanza sobre mi promesa de estar siempre con él) finalmente me permitio hablar. Porque sé que esto es lo más cercano que Lucius nunca llegará a rogar por nada en toda su existencia, y lo esta haciendo por mí. Para mostrar lo mucho que me quiere a mí también...

-¡Sí, Lucius! - lloro. Al menos, creo gritar. Pero, en verdad, mi voz es suave, casi me atragantó. -¡Si! - repito, desasiendo su agarre y lanzando mis manos alrededor de su cuello. Yo estoy de puntillas para llegar hasta él y susurrar en su oído, porque quiero decirle, una y otra vez. -Sí, sí, sí...

Me aprieta contra si mismo, susurrando en mi oído, también.

"Gracias, Antanasia... Gracias por amarme..."

Nos tenemos uno a otro durante mucho tiempo saboreando la realidad. Nos casamos, no por cumplir un tratado, sino porque no podemos vivir el uno sin el otro...

Luego, Lucius deslizo una mano hasta mi pelo y cambie la postura en sus brazos para ver su cara de nuevo justo antes de que se agachara para cumplir con mis labios, me beso suavemente. Nos besamos así una y otra vez... suavemente. Cuando ambos nos dimos cuenta de que este momento merecía nuestro respeto, al igual que el espacio en el que se llevaba a cabo. Cuando los labios ásperos de Lucius estaban sobre mis labios blandos, con tanto cuidado, casi como si él prometiera: "Así es como siempre me preocupare por ti..."

Y de alguna manera, mientras que todavía nos estábamos besando, Lucius tomo mi mano izquierda en sus manos y deslizo un anillo en mi dedo. Ni siquiera me di cuenta que él había metido su mano en su bolsillo, no tenia idea de cuánto tiempo lo llevaba en su mano.

Sé que la mayoría de las niñas probablemente chillarían y se tirarían hacia atrás, con ganas de ver el diamante, pero yo ni siquiera abrir los ojos. Acabe de deslizar mis brazos alrededor de su cuello, sin importarme como era el anillo. Yo sería feliz con nada... nada más que lo que estamos compartiendo en ese momento...

"Antanasia".

La voz se entrometió en mi sueño. y yo rodé hacia el otro lado de mi cama, no queriendo abandonar a Lucius (y todo lo que estaba reviviendo) detrás. Pero la voz (mi Mamá) interrumpió de nuevo, y sentí la presión sobre mi hombro cuando me sacudió.

-¡Antanasia!

-Mamá - gemí, esperando cinco minutos más de sueño. -Por favor...

Pero mi madre me sacudió más, y a regañadientes abrí mis ojos, oyendo como se reía de mí.

Parpadee unas tres veces, porque la luz del sol se colaba en mi habitación... brillando ante el enorme diamante brillante que siempre adornaba mi mano izquierda ahora. Una reliquia de la familia Vladescu, que había sido retirado y escondido por la madre de Lucius, Reveka, cuando se enfrento a su destrucción. Un tesoro "tangente" de que ella quería que su hijo sólo me lo diera a mí.

Entonces miré a mamá, que parecía feliz de nuevo, y tal vez un poco sorprendida al oírse decir a sí misma la clase de palabras que me impresionaron, también, a pesar de que había estado planeando, esperando (y en ocasiones preocupándome) nada más que de este día por semanas.

-¡Despierta, dormilona! - me insistió con una sonrisa. -¡Tú te casas hoy!

Siguiente Capitulo: ¡El vestido de novia de Jess!

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