2 ene. 2010

Capitulo 11 de La Boda de Jessica y Lucius

Capitulo 11

Aunque no había revelado nuestro destino, yo sabia desde el principio que Lucius me llevaba para una aventura. Y sin embargo, había una oscuridad absoluta adelante de mí (el alto y estrecho agujero, como una rendija en medio de la montaña, una herida quizás sin fondo) me hizo retroceder un poco.

Sin embargo, Lucius no dudo. Sin una palabra, el paso dentro primero, y porque nuestras manos estaban unidas (y porque quiero seguir) le permití que me guiara en el paso restringido, tan pequeño que Lucius tubo que andar adelante, ligeramente inclinado, el brazo estirado detrás de él para alcanzarme. Nos movemos a pasos de caracol, sintiendo nuestro camino muy largo, porque no hay ninguna esperanza de que nuestros ojos se adapten a un vació total, un subterráneo.

Quiero preguntarle por qué no podríamos haber traído una linterna o una vela, incluso, pero algo me dijo que no debía hablar.

Tengo miedo... miedo de estar en un pequeño subterráneo, en la oscuridad es casi seguro que había criaturas que harían que se me pusiera la piel de gallina si las viera a la luz del día. Y tengo miedos irracionales, también, como si la tierra pudiera caerse lejos, justo por delante de nosotros y nuestro siguiente paso nos envié al vació. Pero también estoy excitada, y sé que Lucius esta familiarizado con el camino.

En ese preciso momento, se inclina más abajo y se da vuelta (no es fácil por la falta de espacio) y coloca su mano libre en mi cabeza, protegiéndola cuando me guía más allá de un cruce en e que sobresale la roca de arriba abajo.

-Cuidado aquí - susurro. -La roca es fuerte.

Sí, es bastante evidente que Lucius ha estado muchas veces aquí...

Cuando mí alrededor se transformo en una curva, con la espalda doblada, también, yo veo en a distancia un brillo débil, y mi anticipación creció... junto con una nueva confusión.

La luz... que parpadeaba como una llama.

¿Esta alguien más ya aquí?

¿Estamos con alguien?

Si Lucius se sorprendio, no lo dijo. Él solamente siguió llevándonos por el pasillo que se curvaba con cuidado y hacia esa luz, y mis ojos por fin comenzaron a ver detalles alrededor de nosotros. El paso era en realidad muy seco y liso, no tan temible como yo lo había pensado en la oscuridad. Las paredes parecían casi cuidadas. Mire hacia abajo y veo que el piso de tierra, parece barrido, también, así que no había nada con que tropezar. Y el aire, aunque hay humedad, tiene olor a especias... tal vez a algún tipo de incienso. Respire profundamente, pensando que el olor vagamente evoca a la colonia insólita que empece a asociar con Lucius cuando llego a Estados Unidos.

Camino cerca de sus talones, atreviéndome a señalar con la punta de mis dedos de mi mano libre a lo largo de la pared a mi largo, preguntándome si Lucius escogió esa colonia porque le recordaba a este espacio.

La luz se puso más fuerte y mi corazón comenzó a palpitar. Estoy a punto de ver lo que es probablemente (no, definitivamente) el lugar más importante de mi vida...

El techo se elevo mucho más y las paredes se ampliaron a medida que nos acercábamos, por lo que incluso Lucius pudo estar de pie completamente derecho, y en el último momento... cuando pasamos debajo de un soporte de madera cruda que separa el paso de la cámara que se encuentra al final, me lleva a su lado y luego se aparta, permitiéndome entrar en primer lugar, y diciéndome con una voz casi con reverencia:

-Este lugar, Antanasia, es donde nuestros padres nos prometieron el uno al otro.

Cuando entre a aquella caverna oculta, alumbrada por una hilera de pequeñas velas colocadas en una simple mesa de madera, casi como un altar... sinceramente era la primera vez que realmente me parecía haber estado aquí antes. El bebé que a veces me imagino siendo ofrecido en una ceremonia de compromiso subterráneo era realmente YO.

Esa niña... Ella siempre parecía como una extraña... Nada más real que una muñeca...

Pero, por supuesto ese bebé era... yo. En carne y hueso. Mis ojos habían sido testigos de todo ello antes. Tal vez me pusieron en la mesa...

Y Lucius...

Me vuelvo lentamente hacia él, y al ver que parecía feliz y adecuadamente solemne (claramente entendiendo lo que se me cruzaba por la mente) dijo:

-Sí, Antanasia... este... este lugar... es donde tu y yo nos conocimos.

El se quedo cerca de la entrada, dándome tiempo para tomar todo adentro mio. Tanto mirar con mis ojos como sentir todas mis emociones que por supuesto pasaban a través de mí como que estoy en un lugar que era, como Lucius prometió, sagrado para los clanes de vampiros.

La cueva no era grande, pero como el paisaje, era limpia y obviamente se mantenía. Junto con la mesa, hay bancos de madera cruda, como el apoyo de la entrada y arreglados en filas, osi como un salón o una iglesia.

-Aquí es donde nuestros antepasados hicieron todas sus decisiones más importantes, - explico Lucius, obviamente, viendo como mi mirada se detenía en los asientos. -Los ancianos y los vampiros de alto nivel se reúnen aquí para debatir. Aún se reúnen, para lo más crucial, reuniones clandestinas.

Yo lo contemplo y veo su mirada viajar por el espacio, como si lo viera de nuevo, también.

-Y ellos buscaron refugio aquí, también, ¿verdad? - pregunto. -¿Cuando los vampiros fueron atacados por la purga? - un escalofrió me recorrió... y no porque la cueva fuera fresca. -Nuestros padres fueron destruidos en la última purga. ¿Habrá otros?

-Sí, - confirmo Lucio, dando un paso en la cámara, entrelazando sus manos en su espalda, la cabeza inclinada, la forma en que lo hace siempre cuando esta pensativo, reflexivo. -Este ha sido siempre un refugio seguro - Levanta los ojos para encontrar los míos, y añadió: -La destrucción espera al vampiro que revela este espacio a un ser humano. Esa es la pena, sin esperanza de clemencia. Sin piedad.

Lucius miro fríamente indicando este hecho, y aunque sé que está preparado para gobernar, tengo un poco de curiosidad (y un poco de nerviosismo) pensando que el vampiro que me besa tan tiernamente, y quien sólo hace un rato protegía mi cabeza con una mano suave, no dudaría en llevar a cabo ese tipo de justicia.

La incertidumbre me agarro. ¿Voy, yo, como una princesa, ha encargarme de dictar una sentencia de este tipo? ¿ Seré responsable de hacerlo AHORA, si un Dragoromir rompe el código secreto?

Miro hacia los ojos duros de Lucius. ¿ Sirvió como juez, al emitir una frase como ésa?

Comienzo a preguntarle... pero cambio de pensamiento. Tal vez no quiero saber... no en ese momento. Así que otra pregunta me empezó a molestar.

-Si esto es un refugio seguro, ¿porque no a nuestros padres...?

Pero Lucius ya estaba sacudiendo la cabeza.

-Los gobernantes no se "ocultan", Antanasia, - me recordó. -Especialmente lideres como fueron nuestros padres. Como seremos. Reyes y reinas no se esconden en cuevas, aunque eso sea para salvar sus vidas.

Trague densamente, con una extraña sensación en la boca del estómago, y no sólo porque dudo de mi coraje en la cara de la destrucción. Lucius también acababa de elevarnos "el rey y la reina". Pero él y yo somos apenas un príncipe y una princesa. A menos, yo soy apenas una princesa. Y elevarse hasta ser la reina... solo ocurriría si... si Lucius y yo... alguna vez nos casáramos y tuviéramos un hijo. Un heredero al trono, cuando se complete la ultima parte del pacto que une a nuestros clanes...

Puedo ver el hermoso y poderoso vampiro que está delante de mí, no estoy segura si esa sensación en el estómago es pura emoción, porque yo quiero un futuro con él, yo si estoy experimentando una punzada de ansiedad, también...

-No estés tan alarmada, Antanasia, - dijo, su boca curvada en una sonrisa mientras se acercaba. Me tomo en sus manos y se inclino para apoyar su frente contra la mía.

-Todo a su debido tiempo, ¿si?, - se preguntaba en voz baja, obviamente, tratando de adivinar lo que estoy pensando. -¡Yo no quería asustarte!

Como estábamos juntos en una cueva, tranquilos, en el círculo de luz de las velas, la preocupación que sentía se desvanecía. Yo aceptaría cualquier futuro (hacer justicia dura, destruir una cara... cualquier cosa) sólo para estar así con Lucius por unos momentos, incluso.

-No tengo miedo, - le prometí.

-¿Estás segura?, - pregunto, juntando nuestras manos y presionándolas contra su pecho, así podía sentir sus latidos del corazón.

Después de unos segundos, me di cuenta de que el corazón de Lucius latía poco a poco más rápido que de costumbre. Solo ligeramente más rápido y más duro que sus familiares latidos lentos, casi imperceptibles, y levante mi rostro hacia el suyo, preguntándome lo que podría hacer que el corazón de Lucius Vladescu acelerara su ritmo.

Vi, entonces, que había algo diferente en sus ojos también. Una chispa que me decía que algo estaba pasando. Algo más que sólo que Lucius me mostrara la cueva donde las generaciones de vampiros rumanos habían llegado a sellar pactos y tratados de forja y, a veces se escondieron de la persecución de los seres humanos.

Por el rabillo del ojo, veo las velas encendidas, también, y tengo mi segunda revelación de la noche.

No sólo he estado realmente aquí antes, Lucius ha preparado este espacio para nosotros esta noche.

Los pasos que descendían la montaña... Eso es casi segura que uno de sus dos guardaespaldas, regresaba después de completar la tarea de preparar la cueva para nuestra llegada...

Y el hecho de que hemos hecho este viaje en la oscuridad, cuando habría sido mucho más fácil en la luz del día...

Estudie lo ojos negros de Lucius, deseando más que nunca que yo pudiera leer sus pensamientos tan bien como él parece capaz de leer los míos, aún sintiendo que su corazón latía en su nuevo ritmo, y pregunte:

-Lucius... ¿Por qué estamos realmente aquí esta noche?

Y su respuesta... no es lo que espero en absoluto.

0 comentarios: