4 ene. 2010

Capitulo 19 de La Boda de Jessica y Lucius

Capítulo 19

Uno a uno nuestros invitados tomaron sus asientos detrás de nosotros, Alexandru Vladescu, el antiguo vampiro que iba a presidir nuestra ceremonia, se inclinó sobre la mesa y apoyó sus manos, que temblaban con la edad, sobre nuestras frentes, obligando tanto a Lucius y a mí a inclinarse ligeramente, mientras le ofrecía a nuestras familias una bendición.

-Nos reunimos esta noche a unir para la eternidad, el príncipe Lucius Vladescu y la princesa Antanasia Dragomir, y ofrecerles la bendición de nuestros clanes, - dijo, con los dedos sorprendentemente firmes en contra de mi cabeza. -De hoy en adelante, como se prometió en el pacto sellado en sus nacimientos, estarán como uno ante el Estado.

Luego le quitó las manos, y Lucius y yo levantamos la cabeza, y yo sabía que esta era una de las dos únicas veces que yo volvería a ver a Lucius Vladescu inclinarse ante otro vampiro, no importa cuán venerable, sabio o poderoso que los ancianos pueden ser . La próxima vez que Lucius bajaría la cabeza estaría en nuestra coronación como rey y reina. Si ese día nunca llegara...

Movi mis ojos un poco para ver en el perfil de Lucius. Su nariz recta y mentón fuerte y el choque de nuevo corte de pelo negro que le caía sobre la frente, como si no pudiera contener ese lado ingobernable de sí mismo, incluso para nuestra boda.

Lucius, sería el padre de mis hijos. Los príncipes y princesas... siguientes...

-Pero primero, - dijo Alexandru, llamando mi atención de nuevo hacia delante, por lo que me encontré mirando a sus ojos oscuros y familiares. Los ojos Vladescu, que habían visto durante siglos, quizás milenios, los matrimonios y nacimientos... y destrucciones. -Primero tienen que aceptar unos a otros como la novia y el novio, antes que sus testigos.

Era mi turno de apretar la mano de Lucius, puse mis dedos alrededor de forma automática, y se me hizo la respiración entrecortada.

Esta era la parte más importante de la ceremonia, y aunque sabía que Lucius quería casarse conmigo, sentí que un nudo en el estómago, también, con aprensión nerviosa, a la pregunta que iba a pedir no se planteaba como una mera formalidad. En el mundo del que yo venían, los votos eran realmente eternos, las palabras que se hablaban se pretendía darse a ambos compañeros una última oportunidad para reconsiderar antes de que la suerte estuviera echada para siempre.

-Lucius Vladescu, - Alexandru dijo, en voz baja, casi siniestro, -¿aceptas a Antanasia como su esposa, mientras exista?

Lucius y yo nos miramos el uno al otro, y él tomó mis manos, y el momento en que vi su cara, mi temor se esfumó. No sólo era que su expresión seguía abierta, sin vigilancia, para mí, pero volví a ver en sus ojos el profundo amor que siempre estuvo ahí, ahora, a veces un poco escondido detrás de la risa o la frustración o la de otras emociones más complejas que mi príncipe experimenta de forma complicada, pero siempre allí. Y esa noche, el amor es todo lo que veía en Lucius, hablando a todo el mundo y sin embargo sólo a mí, dijo con gravedad, con con reverencia:

-Sí, acepto Antanasia como mi esposa, ahora y siempre, por el tiempo que deberá existir.

A pesar de que yo había conocido en mi corazón que Lucius me aceptara, y que mi temor momentáneo había sido razonable, yo estaba aliviada y se movió en mi hasta las lágrimas, por oírle decir esas palabras en voz alta.

Él me quería, para siempre...

Entonces, mientras Lucius y yo nos quedamos frente a frente, con las manos apretadas y unidos, Alexandru Vladescu habló mi nombre, y me hizo la misma pregunta.

-Antanasia Dragomir... ¿Aceptará a Lucius como su marido, por el tiempo que deberá existir?

Abrí la boca para hablar, ni siquiera esperando que el sonido de la voz del anciano vampiro se desvanecerse en la noche tranquila, segura de que no necesitaba tiempo para considerar mi respuesta. Por supuesto que sabía que mi respuesta era...

Pero justo antes de que las palabras salieran de mi boca, Lucius apretó mis manos en una forma que como tenía entendido era la intención de hacerme callar, y bajó los ojos, dándome la espalda.

Esperé, incierta, sin entender lo que estaba haciendo.

Y cuando levantó los ojos, vi lo último, lo más recóndito del alma de Lucius... una mirada a un lugar dentro de sí mismo que nunca había esperado que se le permita ver. Ni siquiera si realmente vivir para siempre.

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